miércoles, 17 de julio de 2013

Apagando un sueño

“Apaga todas juntas” me decían. “Sopla fuerte” me decían. ¡Dios, qué pesados! Todos los años lo mismo, que pida tres deseos, que los piense con fuerza, que todos se van a cumplir. Sin embargo, cada año pedía lo mismo, ¡las tres veces!, y nunca se cumplía. Que desazón esperar todo el año para ver incumplido mi deseo.
En cierto punto pensaba: “Quizás sea que deben apagarse todas al mismo tiempo”. Entonces al siguiente cumple lo intentaba. Nada.
¿Será que debo apagarlas en diagonal? Menos.
Quizás... ¿Tapándome las orejas? ¿Saltando en un pie, mientras soplo una por una? No, no, no. Siempre igual.
Por lo que dejé de pedirlo, dejé de desear. Esto de los deseos era una farsa; ¿lo habrá inventado algún egipcio, quién vaya uno a saber, y así exportaron la costumbre a todos lados?
Lo que me intriga, ahora que lo pienso, son los regalos. ¿Por qué será? ¿Festejan que un nuevo año pasó en tu vida y por eso te dan un suéter?
Definitivamente lo habrá inventado alguna empresa egipcia fabricante de cosas que solo se podían regalar, porque nadie lo compraría.
¡Cuántas empresas surgieron así! “Regalos para todos”, fue como una bola de nieve, cayendo, sin escalas. Cansado de tanta farsa, dije a todos: “no festejo más”.
Fue en ese cumpleaños, que, solo en mi casa, apareció mi abuelo y me dijo: “Nene, ¿por qué no dejas de joder con verme de nuevo? Viví la vida y pedí deseos coherentes, querés! Disfrutá.” Con un abrazo se esfumó, como si nunca hubiera estado. No supe si estuve durmiendo, o si realmente estuvo ahí. El abrazo.... lo sentí. La sensación, quedó.

Fui hasta el teléfono y marqué: una voz de una mujer grande me atendió, y solo le dije: “Ma, ¿podemos hacer algo todavía?”


***

Del ejercicio "El rito de soplar el fuego de una vela" (del taller literario Cofradía de la Luna Llena).
El trabajo consistía en escribir un relato sobre el rito de pedir un deseo en un cumpleaños y sus consecuencias, como los regalos. Se debe hacer en base a un personaje.